Elite Dangerous o cómo me convertí en un camionero del espacio

Hay que reconocer que cuando uno oye a sus amigos hablar de lo mucho que les engancha el Eurotruck Simulator te entra la risa y hasta enarcas una ceja a lo Spock.

No tengo por costumbre el despreciar ningún juego así de salida o juzgar los gustos lúdicos de la gente. A mi, por ejemplo,  me gusta el baseball y las personas normales lo consideran un coñazo, algo entendible, las cosas como son. Como veis, cada uno tenemos nuestra tara.

En el caso del Eurotruck, no le veía el punto a hacer de camionero sin más. Los hay que pensarán que recorrer las carreteras europeas, con el trailer lleno de mercancía y parando solo para echar gasolina al tiempo que silbas el “yo para ser feliz…” a lo Loquillo, solo solo tiene gracias si le introduces algún factor destructivo como en “La rebelión de las máquinas”.

A mi, más allá de la curiosidad que me produce cualquier simulador, la premisa no me parecía llamativa hasta que he caído completamente enganchado en las garras de Elite Dangerous  y ejerciendo, precisamente, de camionero espacial.

“This landing is gonna get pretty interesting”

El año pasado comenzamos la temporada en el podcast hablando de dos simuladores espaciales:  No Man’s Sky y Elite Dangerous. En su momento reconocí que Elite había sido una compra realizada por despecho, por no tener una PS4 o un ordenador con la potencia necesaria para correr el juego de Hello Games.

Fue el ansia el que hizo que, junto al omnipresente FIFA de turno, Elite fuese el título más jugado en esta casa durante al menos dos semanas, para pasar inmediatamente después a dormir el sueño de los justos en la biblioteca digital de Xbox One.

Elite se ha convertido en el simulador espacial de referencia –hasta que Star Citizen diga la última palabra– y últimamente leía más entradas de lo normal en mis redes sociales o en otros podcasts, como por ejemplo, el de los compañeros de Gamers ocupados. Lo primero quizá sea consecuencia de lo segundo.

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Todo eso se unió a la sensanción que me quedó en su momento de no haber profundizado lo suficiente en el abanico de posibilidades que el juego ofrecía hace un año. Por eso decidí dar el paso de quitarle el polvo a la nave, encender los repulsores y ponerme a los mandos sin recordar muy bien su funcionamiento.

Y esto es algo que no es válido para novatos. ED es un juego que precisa práctica, necesita dedicación por parte del jugador. Aquel que decida adentrarse en este universo ha de tener bien claro que ha de ‘estudiar’ un poco.

Los tutoriales son imprescindibles, casi tanto como los videos que corren por Youtube enseñando como hacer cada cosa. Ignorarlos puede llevar a una frustraciónde las que provocan que lo dejes apartado rápidamente.

Algo tan simple, en teoría, como aterrizar, tiene su miga si no estas familiarizado con los controles o no sabes que primero has de pedir permiso al control de la estación espacial de destino. Si no lo has descubierto antes, gracias a un tutorial, los cañones del sistema de seguridad te lo enseñan por la vía dura.

Aunque dicen que montar en bicicleta nunca se olvida, manejar la SideWinder (la nave con la que comenzamos nuestra andadura) tiene algo más de complicación. Por suerte,el proceso para recordar para que servía cada menú y cada botón de la cabina no fue extenso. No tardé en volver al espacio, aunque eso sí, con la misma confianza que un comandante novato.

 

“Oh, my God! It’s full of stars!”

Elite te permite hacer lo que quieras y quizá por eso no es un juego para todo el mundo. Dar tantas opciones puede llegar a asustar al jugador ante la indecisión de no saber que hacer y, sobre todo, como hacerlo.

Pero una vez se ha firmado de forma ficticia el contrato que ‘obliga’ al jugador a dedicar cierto tiempo a aprender a manejarse en este universo y se da cuenta de que esto es un simulador y no un arcade, la experiencia es de lo más gratificante.

Lo que el título de Frontier nos ofrece es un sandbox en el sentido estricto del término. Puedes dedicarte a la piratería, a cobrar recompensas por la cabeza de otros comandantes buscados por la justicia, a la explotación minera de asteroides, a explorar nuevos sistemas estelares o, como no, a ser comerciante.

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Todo ello sin más fin que ganar créditos o interpretar tu rol, el que decidas adoptar. No hay un argumento que te guíe ni tienes más misiones que los contratos que aceptes. Tampoco serás el gran héroe que va a influir en el destino de la galaxia ni hay un jefe final antes de una escena CGI y los títulos de crédito.

Elite no tiene una historia lineal con un final definido y quizá, el auténtico protagonista es el propio universo, mientras que tú o yo no somos más que una mota de polvo estelar en comparación con su inmensidad.

E inmensidad es la mejor palabra para definir el escenario en el que nos movemos. Tenemos a nuestra disposición unos 400 mil millones de sistemas que se van actualizando en tiempo real, gracias a la Forja Estelar, un mecanismo que se encarga de añadir al juego los nuevos descubrimientos astronómicos a medida que los científicos los hacen públicos.

“You can’t take the sky from me…” 

Al comenzar, las tareas más sencillas para familiarizarnos con todo este entramado son las misiones de comercio, llevando mercancías y datos de aquí para allá, de estación a estación espacial. A eso, a ejercer de ‘camionero’, es a lo que he dedicado las últimas semanas.

He recorrido cientos de años luz, trazando las mejores rutas en el mapa de la galaxia con estaciones de paso en las que llenar el depósito de combustible, porque nadie quiere quedarse varado en el espacio profundo.

Escapé de piratas que querían mi mercancía y, cuando el conflicto era inevitable, me ha tocado tirar de los cañones laser que venian de serie en la nave para defenderme. No me ha faltado la suerte en esos lances, las cosas como son, y alguna recompensa cobré por convertir a esos filibusteros en chatarra.

 

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También conseguí entender, más o menos, como modificar adecuadamente mi Sidewinder, consultando a la amplia comunidad de jugadores. La hice más rápida, más eficiente y ahorré lo necesario para conseguir una nave con una capacidad de carga mayor.

A día de hoy me encuentro a cientos de años luz de casa, si es que ese concepto existe en Elite. Me he apuntado a una “Misión de la comunidad”, tareas colectivas a las que cualquier jugador puede inscribirse ayudando así a influir mínimamente en la historia del juego.

Y digo bien, la historia. Aunque antes mencioné que nos encontrábamos ante un sandbox sin más objetivo que el que nos marquemos nosotros, Elite posee una ambientación enorme, y sobre todo muy activa. Es un universo vivo que reacciona, tanto a los a los cambios políticos que puedan darse (hay toda una serie de facciones políticas a las que podemos afiliarnos, o no) como a la participación de la comunidad de jugadores.

Por ejemplo, en esta misión, se están recolectando diversos materiales para construir una especie de “autopista espacial” hacia Colonia, uno de los lugares habitados más lejanos en la galaxia y cuya historia es una muy buena muestra de cómo influye la comunidad en el juego.

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Son los jugadores los que han de aportar esos recursos vendiéndolos en una estación en concreto. Y ahí estoy, con mi flamante nueva nave, una Hauler a la que, como no, he llamado Serenity en un alarde de originalidad, llevando toneladas de Superconductores y Paladio al mercado de esa estación.

Además de lo obtenido por la venta, a los jugadores se les recompensa al final de la misión según su grado de aportación a la causa. Una forma de dotar a la comunidad de un objetivo y de contribuir al desarrollo del lore del juego.

De momento he ganado tres millones de créditos en tres días, mi pequeño emporio comercial comienza a dar sus frutos y a buen seguro, cuando la misión acabe, tendremos noticias de nuevas estaciones de paso en la ruta hacia Colonia.

“To boldly go…”

No sé qué traerá el futuro a mi periplo galáctico. Si una cosa tiene la enormidad de Elite es que siempre te da la sensación de estar rascando solo la superficie de todo lo que de verdad se puede hacer.

En mi caso ni siquiera he podido llegar a esa superficie de forma literal porque solo he jugado con el Core, el juego básico. La expansión Horizons es la que permite adquirir vehículos terrestres de exploración y poder aterrizar en planetas. También añade el compartir el manejo de la nave con una tripulación, aumentando aún más la interacción entre jugadores.

Con esas herramientas en mi mano es posible que cambie el transporte por la exploración galáctica y así poder darme el gustazo de que mi nombre aparezca destacado como primer descubridor de un nuevo sistema. O puede que prepare una nave para el combate y me dedique a cobrar recompensas de piratas y disidentes. Incluso podría hacerme con una nave más grande y llenarla de camarotes para turistas espaciales. De primera clase, eso sí, que no les falte de nada.

O simplemente puede que siga recorriendo la galaxia, con una nave con una bahía de carga más amplia cada vez, hasta arriba de toneladas de mercancía que vender en mercados lejanos, ejerciendo la noble profesión de “camionero espacial”.

Eso sí, mirando por encima del hombro a los del Eurotruck, y convenciéndome de que no es lo mismo, de que esta, no es la misma enfermedad. Porque una nave espacial mola mil veces más que un triste camión. Eso es así.

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Un comentario en “Elite Dangerous o cómo me convertí en un camionero del espacio”

  1. Entre el repaso que le dieron los Gamers Ocupados y esto, el juego lo tengo más que fichado y estoy deseando comprobar si la version de Steam tira bien en mi PC 😁

    A ver si en breve podemos surcar la galaxia juntos!!

Dinos algo copón...

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